Las palabras que no encuentro se quedaron muchas camino a la cumbre del Pico Veleta. Todo comienza con una idea, Javi propone la aventura y nos sumamos a ella sin dudar Marcos y un servidor. La inocencia del desconocimiento es muy atrevida, y yo peco de inocente. Por mucho que miraba las gráficas de nivel, la distancia a recorrer, no me hacia una idea muy exacta del esfuerzo necesario para cubrir esta etapa, me disponía muy optimista sobre nuestras posibilidades.
Abandonamos el rústico Cortijo de Balzaín, situado a media montaña sobre Granada, buscando la carretera que nos llevará al “Collado del Muerto” – vaya nombre -, atravesando un enjambre de urbanizaciones difícil de recordar, empieza la subida, con buenas rampas ya desde el principio. Ganamos altura muy rápidamente por una carretera de muy buen firme, casi sin darnos cuenta alcanzamos el camping. Un pequeño descenso y otra vez a subir, llegamos a la carretera general que sube a la estación de Sol y Nieve y nos tomamos un pequeño descanso, el primer Cola-cao del día. Continuamos por la antigua carretera, subir y más subir, sin pensar ni mirar hacia atrás.
Llegamos al Collado de las Sabinas, Javi llegó el primero y nos espera, a la izquierda aparta la carretera que sube al albergue universitario, a la derecha la carretera nos lleva a la estación de esquí. Las nubes cerradas, algunas gotas que caen, aconsejan tomar refugio en algún establecimiento de la estación de esquí; en la bajada hacia la estación nos pilla la lluvia, acabamos calados y tomando el segundo Cola-cao en el único establecimiento que encontramos abierto.
La plaza de Pradollano es un lugar desolado fuera de la época de esquí, una pantalla gigante de televisión es lo único animado que se observa en el entorno, aparte de los tres locos y sus bicis.
Después de calentarnos un poco y sacarnos la humedad del cuerpo, continuamos. Atravesamos la estación de esquí, paralelos a los remontes, con el objetivo fijado en el radiotelescopio que se ve arriba, a lo lejos. Largas rectas de pendiente continua nos acercan a las últimas edificaciones que veremos, el albergue universitario de montaña y el refugio del ejercito. Nos quedan unos catorce kilómetros y nos acercamos a los 2500 metros de altura, los pasamos y seguimos subiendo por una pista asfaltada que comienza a estar descarnada por los inviernos soportados, revuelta tras revuelta ganamos altura.
Un desvío, derecha o izquierda, el 50% de posibilidades de acertar o fallar, Javi se fija en una flecha de piedras que señala hacia la izquierda; es sabido por todos los ciclistas que ante la duda, seguir las flechas. Acertamos, la otra opción lleva a los edificios del telescopio. Subir y más subir, ya no quedan casi kilómetros, pero el cansancio acumulado y la altura no dejan subir las pulsaciones de nuestros corazones. Los últimos kilómetros paramos a cada momento para intentar recuperar fuerzas, con la certeza que no hay otra opción que coronar la cumbre, cada vez que echo la vista atrás me asombro de ver muy abajo edificios que hace poco veía muy arriba.
El último kilómetro lo hacemos a pie, bueno Marcos aprovecha que lleva ruedas de montaña y le quedan fuerzas, las finas ruedas montadas para la ocasión por el resto se clavan en el blando firme en que se ha convertido la pista, divisamos la cumbre y nos quedan aún doscientos metros de desnivel por superar, parece tan cerca y tan lejos a la vez la cima, mejor no pensar y seguir adelante. Cuando se acaba la pista, y es imposible pedalear sobre las lanchas de piedra, dejamos las bicis y trepamos hasta el vértice geodésico; rápidamente hacemos unas fotos y nos equipamos para la bajada con papel de periódico y el resto de prendas que portamos en las mochilas.
El silencio, el frio húmedo, la calma que desprende la montaña, se me quedan grabadas para los restos, una experiencia única que siempre oí referir a los montañeros y que no conocía.
Ya en el descenso nos damos cuenta de lo subido, de todas las curvas y rampas superadas, ahora somos verdaderamente conscientes de la dificultad que entrañaba la jornada, y perdí la inocencia con que afronté este reto hace unas horas. La próxima vez que suba una montaña, y espero subir otra vez en bici una montaña, esta subida al Pico Veleta no me importaría repetirla en absoluto, la veré con otros ojos y otras expectativas pero siempre disfrutaré del recuerdo de esta primera vez que subí El Veleta.
Pd.: Wilmer, te esperamos pronto en una de estas rutas, ánimo.
Escrito por villaviciosabtt
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