Pico Veleta, el techo ciclista europeo.

Septiembre 27, 2009

Las palabras que no encuentro se quedaron muchas camino a la cumbre del Pico Veleta. Todo comienza con una idea, Javi propone la aventura y  nos sumamos a ella sin dudar Marcos y un servidor. La inocencia del desconocimiento  es muy atrevida, y yo peco de inocente. Por mucho que miraba las gráficas de nivel, la distancia a recorrer, no me hacia una idea muy exacta del esfuerzo necesario para cubrir esta etapa, me disponía muy optimista sobre nuestras posibilidades.

Abandonamos el rústico Cortijo de Balzaín, situado a media montaña sobre Granada, buscando la carretera que nos llevará al “Collado del Muerto” – vaya nombre -, atravesando un enjambre de urbanizaciones difícil de recordar, empieza la subida, con buenas rampas ya desde el principio. Ganamos altura muy rápidamente por una carretera de muy buen firme,  casi sin darnos cuenta alcanzamos el camping. Un pequeño descenso y otra vez a subir, llegamos a la carretera general que sube a la estación de Sol y Nieve y nos tomamos un pequeño descanso, el primer Cola-cao del día.  Continuamos por la antigua carretera, subir y más subir, sin pensar ni mirar hacia atrás. Llegamos al Collado de las Sabinas, Javi llegó el primero y nos espera, a la izquierda aparta la carretera que sube al  albergue universitario, a la derecha la carretera nos lleva a la estación de esquí. Las nubes cerradas, algunas gotas que caen, aconsejan tomar refugio en algún establecimiento de la estación de esquí; en la bajada hacia la estación nos pilla la lluvia, acabamos calados y tomando el segundo Cola-cao en el único establecimiento que encontramos abierto.

La plaza de Pradollano es un lugar desolado fuera de la época de esquí, una pantalla gigante de televisión es lo único animado que se observa en el entorno, aparte de los tres locos y sus bicis.

Después de calentarnos un poco y sacarnos la humedad del cuerpo, continuamos. Atravesamos la estación de esquí, paralelos a los remontes, con el objetivo fijado en el radiotelescopio que se ve arriba, a lo lejos. Largas rectas de pendiente continua nos acercan a las últimas edificaciones que veremos, el albergue universitario de montaña y el refugio del ejercito. Nos quedan unos catorce kilómetros y nos acercamos a los 2500 metros de altura, los pasamos y seguimos subiendo por una pista asfaltada que comienza a estar descarnada por los inviernos soportados, revuelta tras revuelta ganamos altura.

Un desvío, derecha o izquierda, el 50% de posibilidades de acertar o fallar, Javi se fija en una flecha de piedras que señala hacia la izquierda; es sabido por todos los ciclistas que ante la duda, seguir las flechas. Acertamos, la otra opción lleva a los edificios del telescopio. Subir y más subir, ya no quedan casi kilómetros, pero el cansancio acumulado y la altura no dejan subir las pulsaciones de nuestros corazones. Los últimos kilómetros paramos a cada momento para intentar recuperar fuerzas, con la certeza que no hay otra opción que coronar la cumbre, cada vez que echo la vista atrás me asombro de ver muy abajo edificios que hace poco veía muy arriba.

El último kilómetro lo hacemos a pie, bueno Marcos aprovecha que lleva ruedas de montaña y le quedan fuerzas, las finas ruedas montadas para la ocasión por el resto se clavan en el blando firme en que se ha convertido la pista, divisamos la cumbre y nos quedan aún doscientos metros de desnivel por superar, parece tan cerca y tan lejos a la vez la cima, mejor no pensar y seguir adelante. Cuando se acaba la pista, y es imposible pedalear sobre las lanchas de piedra, dejamos las bicis y trepamos hasta el vértice geodésico; rápidamente hacemos unas fotos y nos equipamos para la bajada con papel de periódico y el resto de prendas que portamos en las mochilas.

 El silencio, el frio húmedo, la calma que desprende la montaña, se me quedan grabadas para los restos, una experiencia única que siempre oí referir a los montañeros y que no conocía.

Ya en el descenso nos damos cuenta de lo subido, de todas las curvas y rampas superadas, ahora somos verdaderamente conscientes de la dificultad que entrañaba la jornada, y perdí la inocencia con que afronté este reto hace unas horas. La próxima vez que suba una montaña,  y espero subir otra vez en bici una montaña, esta subida al Pico Veleta no me importaría repetirla en absoluto, la veré con otros ojos y otras expectativas pero siempre disfrutaré del recuerdo de esta primera vez que subí El Veleta.

 

 

Pd.: Wilmer, te esperamos  pronto en una de estas rutas, ánimo.

Borregobike-Festibike 2009

Septiembre 22, 2009

Hoy he meditado un poquito si escribir esta crónica o dejarla huerfana, no es fácil criticar la organización de una marcha de 1500 bikers , mejor dicho es muy fácil criticar, lo difícil es hacer una crítica equitativa.

Uno de mis columnistas de referencia, Sánchez Dragó, escribe en su columna de “El Mundo” sobre el cambio de homo sapiens a homo protésicus, del desafortunado desatino que marca la moderna evolución humana, comparandola con el futuro vaticinado en la película Blade Runner.

Este fin de semana lo he vivido en primera persona, a través del deporte que me apasiona; una actividad que se realiza en contacto con la naturaleza, en una dialéctica de mutuo respeto donde los límites son claros: el cuidado del medio natural donde desarrollamos nuestra actividad. Incuestionable para miles de ciclistas que salimos todos los fines de semana. Pues no señores, no es así, somos unos guarros que arrasamos cual caballo de Atila allí por donde pasamos; montañas de basura desperdigados por todo el campo, botellas de plástico, envoltorios de papel celofán, y todo un sinfín de porquerías dejamos como un regero a nuestro paso.

Quiero pensar que la “organización” limpiará este desaguisado, pero no estoy muy seguro de que así sea. Bien empleado tendríamos que nos limitasen el paso a los espacios naturales que ahora disfrutamos por no poner en su sitio a organizaciones desorganizadas y a impresentables compañeros, sacándoles los colores cada vez que vemos como tiran y dejan desperdicios por el campo.


Desde la puerta de casa a la Presa del Gasco.

Septiembre 13, 2009

Una mañana fría, Carlos III, con aire insigne se quitó el sombrero muy lentamente bajó de su caballo, con voz profunda le dijo a su lacayo: ahí está…..

Un proyecto digno del “plan Ñ ” (1) , consistia en crear un canal navegable de 771 Kilómetros que, partiendo de una presa que habría de construirse a la altura de Torrelodones, enlazaría las cuencas de los ríos Guadarrama, Manzanares, Jarama, Tajo, Riansares, Zancara, Jabalón, Guarrizas, Guadalén, Guadalimar, y Guadalquivir.

La presa del Gasco que así se llama comenzó a levantarse en 1785 sobre planos del ingeniero Carlos Lemaur y se acabó, de mala manera, en Mayo de 1799, cuando parte del paramento meridional se desmoronó en medio de una espantosa tormenta.

La expedición compuesta por 22 Moonbikers parte en la Avda. Príncipe de Asturias en busca de  los restos de un sueño del siglo XVIII. El primer tramo discurre por asfalto, hasta llegar a la margen sur del río Guadarrama a la altura de la Urbanización el Bosque, junto al campo de golf. Un angosto paso el que nos dejaron para salvar el Barranco Valenoso, que atravesamos cada vez con mayor dificultad, y que al pasar una puerta metálica nos deja en el Camino de las Huelgas que enlaza pasando bajo la carretera con el Camino de la Vega. Pedaleando por un bosque de rivera llegamos hasta la urbanización de Villafranca del Castillo, los primeros 15 km. se superan sin dificultad, aquí comienza la zona desconocida para casi todos.

 Atravesamos la urbanización por un camino flanqueado por frondosos árboles, a orillas de una majestuosa pradera, son escasos dos kilómetros de un paseo muy agradable. Salvada la zona urbana nos adentramos de nuevo en los escabrosos caminos junto al Río Guadarrama, por una zona de habitual pastoreo de ovejas, con numerosos bancales de tierra y donde el caluroso verano ha dejado un firme seco y duro. Gracias a la tormenta caída la noche anterior, de escasa pero suficiente lluvia, no nos asfixia el polvo del camino que levantamos al pasar.

Casi sin darnos cuenta aparece bajo nuestros pies el Puente de Retamar, descendemos por una ladera para alcanzar el cauce del río, un breve descanso para avituallar y continuamos hasta el siguiente punto de reagrupamiento junto al Embalse de Molino de la Hoz.

Aquí despedimos a un grupo de compañeros que “tienen que fichar” y parten raudos de regreso, el resto de la expedición afronta el último tramo. Un corto tramo de asfalto de un kilómetro, donde salvamos parte importante del desnivel de la ruta, y retomamos los caminos que nos llevarán a la zona de la presa, antes coronamos un cercano cerro, donde una villa en ruinas disfruta de unas vistas privilegiadas sobre el valle del río. Descendemos por un estrecho sendero que da acceso al paredón de la presa, las  fotos de familia, avituallamiento y un rato de charla que nunca viene de más.

Iniciamos el regreso por un serpenteante y entretenido sendero que desemboca junto a un colegio, de nuevo en la Urbanización Molino de la Hoz, de aquí a Villaviciosa solo nos queda desandar el camino emprendido esta mañana a las nueve.

 

(1)..Plan emprendido en 2009 por el Gobierno presidido por José Luis Rodriguez Zapatero, con la sana intención de paliar el problema del paro y cuyos “beneficios” estamos padeciendo incluso antes que terminen las obras.


III Mtb Colmenar de Arroyo.

Septiembre 6, 2009

Este domingo aceptamos la invitación que nos hace el Club MTB el Lanchar (Amigos del velocípedo de montaña) para participar de la III Mtb de Colmenar de Arroyo.

Amanece cubierto de nubes, buena temperatura, hoy la reunión congrega una buena representación del Club Moonbiker. La marcha parte de la plaza del ayuntamiento, después de formalizar la inscripción, salimos con cierto retraso por tener que rellenar la licencia federativa de un día ( pagada por el Ayuntamiento de Colmenar ) y los trámites que la organización estima pertinentes en este caso.

Apenas son veinte minutos de retraso, pero el gran número de asistentes a la marcha larga ( casi todos ) y el complicado recorrido presagian mayores retrasos. Esta sospecha se ve pronto confirmada, roturas de cadena, caídas, pinchazos…. Hace tiempo que no participo en una marcha tan accidentada. El recorrido no es muy complicado, pero si exigente, comenzamos rodando por pistas amplias a muy buen ritmo, hasta llegar a Chapinería, población que atravesamos, y después de una larga parada para reagrupar, retomamos los polvorientos caminos.

El recorrido coge altura mediante cortos repechos que se pueden subir apretando un poco del tirón, aprovechando la inercia, pero que acaban pasando factura y agotando las fuerzas, al final es mejor meter plato pequeño y tomárselo con calma. Alguna parada más para volver a reagrupar, cruzar la carretera controlados por la Guardia Civil, y continuar hasta el avituallamiento; cruzando de nuevo la autovía por uno de los curiosos “pasos cinegéticos” que excusa el destrozo del mal entendido desarrollismo económico promueven las autoridades en esta zona occidental de la Comunidad de Madrid.

 En una pequeña dehesa, rodeados de robles y retamas, la organización dispone el avituallamiento, una parada necesaria donde algunos compañeros aprovechan para pasar por el “taller de chapa”, muchas gracias desde aquí a los servicios de la ambulancia, muy antentos, preparados y dispuestos para atender las necesidades de los participantes en la marcha. Despues de alguna dificultad para abastecernos de líquido, aquí la organización tuvo el único fallo reseñable al no disponer de suficiente agua en el avituallamiento, aunque pusieron todo el interés por solucionarlo y rápidamente llegó un coche con botellas de agua, de las que pronto dimos cuenta los sedientos ciclistas.

Proseguimos la marcha por la zona más interesante, subiendo por un precioso camino que midió las fuerzas de cada uno, las mías llegaron al límite justo a tiempo, cuando quedaban escasos metros para coronar en una enorme lancha de piedra ( de ahí el nombre del club). El descenso es precioso, de los que más disfruto, con la pendiente necesaria para conseguir velocidad dando las pedaladas justas, trazando las curvas con precisión para no salirse de la pista. La llegada al casco urbano y el último reagrupamiento sirven para comentar “la jugada”, un poco de rodar por el pueblo y llegamos a orillas del pilón, junto al arroyo, unos bonitos puentes románicos flanquean el parque donde damos por acabada la marcha. Lo demás ya es el ritual acto protocolario de entrega de premios ( esta vez me tocó un bonito mallot amarillo con el que voy a quedar de lujo con mi señora ), seguido de un ágape que se hizo un poco de esperar pero fue el broche de oro a esta mañana de domingo.

Una marcha por Colmenar que queda aquí anotada y que seguro repetiremos, no solo por el paraje singular, sino también por la cantidad de amigos que nos damos cita en estas marchas, JFdelafuente, Martuka, Oskital, Dalopo, Uke, Zarzo…. además de los moonbikers que ya somos casi familia.


Ciclomarcha por San Martín de Valdeiglesias.

Agosto 30, 2009

El club ciclista San Martín de Valdeiglesias nos organiza hoy una marcha por los montes de la localidad, coincidiendo con sus fiestas patronales, y aprovechando para homenajear a Joaquín Castro Castro, hasta donde se, miembro destacado de este club ciclista. La marcha en si ha resultado ser muy variada, surrealista por momentos; de repente vas pedaleando entre encinas, al rato estas en un pinar, y sin saber cómo levantas la vista y estas en medio de un viñedo rodeado de cepas .

Han sido treinta y un quilómetros muy entretenidos, con continuas subidas y bajadas, con tramos muy trialeros, imposibles muchos de superar sobre la bici; tramos de pista muy rápida y peligrosa, con numerosos bancales de tierra donde la rueda se hunde y cuesta salir. Muy buena la compañía, he disfrutado de un estupendo día de ciclismo de montaña, aunque realmente no me di ni cuenta hasta finalizar de lo duro que ha sido el recorrido, complicado bien a conciencia de los organizadortes, metiendo la marcha por senderos estrechos que van paralelos a pistas más anchas. Mención especial a la organización de la que aprendí lo práctico que es eso de “marcha no guiada”, permitiéndoles prestar su mayor atención a las incidencias, servicio en los diversos avituallamientos, que no falte de nada – ¡como estaba ese melón! – se ha notado que todo el ayuntamiento se ha volcado con el club en la organización de la marcha, estando presente el alcalde tanto en la salida como en la entrega de premios y sorteo a la llegada… con alguna que otra idea muy practica para “rentabilizar” la inversión municipal en estas marchas…: “el año que vine a la llegada los ponemos a vendimiar en vez de darles tantos refrescos” … le oí comentar entre risas al Sr. Alcalde.

Un rato de charla mientras nos zampábamos ese plato de ensalada de pasta – muy buena por cierto – con refrescos varios, incluida cerveza fresca, se da paso a la entrega de premios y reconocimientos varios a los asistentes, donde no podían faltar algunos moonbikers, muy atentos con las azafatas del evento y ante la atenta mirada de las autoridades municipales. Hoy la partida está compuesta por cinco más Giovani, el amigo de Colombia que me acompañó en el viaje de regreso, aunque también vimos algún moonbiker desconocido.

 


El Reventón del Carro del Diablo

Agosto 23, 2009

“Construía Segovia su catedral, y el arquitecto Juan Guas habíase comprometido a terminarla en una fecha, bajo una severa multa si no cumplía el plazo marcado por las autoridades. Como quiera que las obras se demoraban más de lo debido, el atribulado constructor apeló a todo lo divino y lo humano para culminar a tiempo el proyecto. Así fue que se le apareció el mismísimo Lucifer.El trato propuesto y aceptado era evidente: su alma por cumplir el contrato. La catedral creció a ritmo endiablado. Ya sólo faltaba rematar la segunda torre gemela de la construcción. Entonces Guas, sintiéndose seguro de cumplir, renunció a su pacto con el diablo. Así cuando el último carro de piedra remontaba cansino el Puerto del Reventón, Satán lo convirtió en piedra. “

Hoy domingo repasamos la leyenda a golpe de pedal, un grupo reunido gracias a las modernas técnicas de comunicación, foromtb en su versión “rutas pitufas”, se cita en el parking junto al área recreativa de las presillas, a las 8:30 de la mañana. Cualquier persona ajena a este mundillo no entenderá como es posible levantarse a las siete de la mañana de un domingo de un caluroso agosto para montar en bici. Un grupo de “jilis”, es el calificativo más amable que nos darán, yo solo puede decirles que mejor no lo prueben, porque posiblemente acaben enganchados a este deporte.

La ruta comienza subiendo por una pista ente robles, muy agradable, con numerosas paradas para hacer fotos y reagrupar. En eso consiste la filosofía de “Rutas Pitufas”, en que nadie se vea abandonado por el camino, y todos lo que van a estas rutas asumen que el ritmo seguramente es lento, esto no quita nada de encanto a la ruta propuesta esta vez por el amigo Marec, desde aquí le agradezco su generosidad por preparar esta ruta para todos.

 A la tercera parada va la vencida, en el desvío que sube el Puerto del Reventón nos desgajamos del grupo nueve bikers con la intención de coronar este antiguo paso de comunicación entre el Monasterio de Santa María del Paular y Segovia. El resto continua por la ruta, que más tarde retomaremos, en dirección al Río Lozoya. Se sube mejor de lo que yo esperaba, a pesar del desnivel y de las piedras, se gana altura por unas zetas de enormes curvas seguidas de rectas donde la pendiente permite recuperar, y así hasta llegar al pelado “Cancho de los Pobres”, una pradera donde termina la parte digamos ciclable, dando paso a un pedregoso camino que sube sin miramientos, en línea recta, hasta coronar el paso del puerto (2039 m).

 Desde el puerto tenemos unas preciosas vistas de la meseta Segoviana a un lado, y el valle del Lozoya al otro, difíciles de describir, el árido llano mesetario a un lado y el verde valle al otro. Pues no contentos con coronar el puerto, contagiados todos por una rara enfermedad que nos obliga a subir a lo más alto, tomamos el sendero que corona el picacho del Reventón, 2079 m., como demuestra la foto ( para los incrédulos ).

 El descenso ya es otra historia, sobre todo para los que llevamos “dobles” – suspensión trasera – trepidante, divertido, asumiendo los riegos justos, nos plantamos en el cruce casi sin darnos cuentas, hemos disfrutado de cada piedra que nos ha salido al paso. Aquí retomamos la pista, desciende ligeramente y el firme de tierra está estupendo, la velocidad por este tipo de pistas en endiablada.

 Una fuente a la vera del camino nos hace parar, el agua cae por un caño situado a una altura suficiente para darse una ducha, y con estos calores alguna no duda en meterse debajo del caño, mientras otros que venimos ya escasos de agua llenamos los bidones. El agua fresca es una bendición en un día donde la temperatura ronda los 39º en algunos tramos. Despues de la obligatoria parada en el mirador del monumento al guarda forestal, fotos y demás, llegamos a orillas del Río Lozoya, por donde la ruta discurre por “trialéras” que tienen un poquito de todo, un poco de raíces asomando por entre piedras, en pronunciados descensos o junto a cortados con el rio abajo.

Todo muy entretenido y un estupendo colofón a esta ruta dominical que ya va llegando a su fin, una foto de grupo en el puente del perdón , y damos por terminada la jornada. Aunque no podemos terminar sin sentarnos en una terraza a charlar un buen rato sobre los incidentes de la jornada, eso sí, que no nos falte la cerveza con limón y refrescos varios, que ya el calor aprieta de lo lindo.


No son gigantes, mi señor, sino molinos de viento.

Agosto 16, 2009

Hoy nos desplazamos a Las Navas del Marqués para la ruta. La vecina Sierra de Malagón y los pinares y dehesas que la conforman son un espacio perfecto para la práctica del ciclismo de montaña. Además, mostrar a mis amigos las tierras donde tengo mis raíces familiares me supone un orgullo y un placer.

La excursión nos lleva a subir, entre robles, al pelado alto de Cartagena. En lo alto modernos molinos, que no gigantes, nos marcan el camino por la cuerda del monte hasta llegar a el alto de Espino Polo . Y para no trasgredir ninguna ley física, todo lo que sube tiene que bajar; así nos vemos a toda velocidad por la carretera que llega a Navalperal de Pinares donde hacemos una corta parada.

Continuamos hacia la Ciudad Ducal, antigua urbanización escondida ente los pinos de estos montes, y que encierra lugares tan pintorescos como la Atalaya de Eifel o el Lago. Una parada obligada para disfrutar de las vistas desde la atalaya y continuamos bajando por las amplias pistas que llevan al valle.

Ahora toca subir, tenemos por delante más de ocho kilómetros de subida, con algún descanso. Este recorrido es muy “original” y traicionero por esta peculiar forma de terminar, después de ponerte a punto con cuarenta kilómetros de engañoso buen terreno – hay que dar mucho a los pedales – estamos en una hoya y el pueblo está arriba, muy arriba.

 Trak de la ruta

Con paciencia y conocimiento del terreno voy reservando fuerzas mientras veo como Pedro y David se pierden en la distancia. Ana me adelanta, ya le aviso que no se cebe, que estamos empezando. Pasamos las primeras rampas y nos queda lo mejor, la vía del tren se salva por un puente con dos imponentes rampas, una antes de la vía y otra nada más pasarla. El terreno está muy seco y tiene mucha piedra suelta obligándonos a un plus de esfuerzo para superar este tramo; al final coronamos en la zona del Valladar, allí nos esperan los dos adelantados, un giro a la izquierda y en dos kilómetros de falso llano estamos a las puertas del pueblo donde nos esperan una cervecitas bien frías con su correspondiente tapa.


Cueva Valiente, piedras, truenos y pinos.

Agosto 9, 2009

Hoy la ruta planeada nos llevará desde el pueblo de Guadarrama a la cota de 1903 m. del pico denominado “Cueva Valiente”.

Estas sierras fueron cobijo de bandoleros durante mucho tiempo,  sus caminos y lugares encierran historias que hoy nos resultan curiosas:

 “De principios del XIX conocemos los desmanes de ‘Chorra al aire’, bandido residual de la guerra de la Independencia, que comenzó capturando correos franceses, por las carreteras de Burgos, para terminar asaltando diligencias. En 1816 después de un simple robo de unas piezas de tocino a unos arrieros en el Alto de los Leones, fue perseguido y localizado cerca del Escorial, apresado, conducido a Madrid y ajusticiado.”  Fuente: Madrid Histórico.

 Siguiendo sus pasos en sentido contrario vamos al encuentro con el pasado un grupo de “moonbikers”, que no bandoleros.  Salimos del Pueblo de Guadarrama en dirección a El Escorial, unos cortos kilómetros por carretera que nos acercan al área recreativa de “Los Tilos” desde donde parte la pista que sube al puerto de Malagón. La subida ya muy conocida permite dosificar el esfuerzo,  en el último kilómetro cortas rampas de hasta el 18% se encargan de recordarnos nuestras limitaciones. Coronamos sin problemas el puerto de Malagón, un vertiginoso descenso hasta el desvío al camping de Peguerinos donde recobramos nuestro elemento natural: las pistas de tierra.

El camino asciende constante y suavemente hasta llegar al siguiente desvío bien señalizo: “ A Cueva Valiente”, una rampa, y otra más, al fin llegamos al collado del Alto de  Gargantilla, 1630 m., desde donde parte la pista que lleva a nuestro destino. La ascensión poco a poco se va complicando, el viejo asfalto deja paso a tramos de grava muy suelta que junto con la pendiente nos obliga a echar pie a tierra y superar estos tramos.

Con todo y al final logramos llegar a nuestro objetivo justo cuando unos amenazadores truenos se oyen en la lejanía. Hacemos las fotos ilustrativas y salimos huyendo de la tormenta que se promete cercana. Descendemos unos metros hasta localizar la senda que bordea el cercano monte y conduce a la pista del collado del Hornillo. La bajada por las trialeras es divertida, muy “técnica” que dicen otros, y que podemos resumir con el término “pavernosmatao”.

Ya en la pista nos alcanza la tormenta, descendemos como diablos empapados por los caminos que nos acercan al embalse de “La Jarosa”. Un poco de carretera para llegar al pueblo de Guadarrama y damos por terminada esta jornada “épica” de ciclismo de montaña, y nos regalamos unas raciones con cervecitas mientras charlamos sobre lo acontecido en las 5 horas de ruta que ahora terminamos.


2268 m. Guarramillas.

Agosto 2, 2009

Son las 9:00 de la mañana de domingo, mientras tomamos un café en la estación de Cercedilla Marcos recibe la llamada de David, ya están aquí, ya estamos todos.

Los cinco, otra vez cinco, emprendemos la subida al puerto de la Fuenfría; la climatología es perfecta, el paisaje espectacular, la subida hoy es compartida con innumerables ciclistas y senderistas que huyen de los calores de Madrid. Pronto comienzan los contratiempos, apenas he recorrido dos kilómetros y me doy cuenta que llevo la rueda delantera pinchada….. pinchada ya sé que está, tiene decenas de pinchazos, el autentico problema es que el líquido anti-pinchazos ya no los  tapona y la cubierta sangra en verde. Paro a inflar la rueda con la esperanza que se taponen con el rodar y al mismo tiempo pierdo de vista a los compañeros. Repito la operación de inflado a los 10 minutos y consigo así subir lo que me queda de puerto, con bastantes penalidades. Arriba de la Fuenfría ya me están esperando Marcos, Pedro, David y Ana, que acaban de llegar pues se confundieron en el desvió del Puente del Descalzo y acabaron trepando por la calzada Romana. Inflo un poco más la rueda y emprendemos el descenso hasta la Fuente de la Reina.

La zona de la fuente está plagada de ciclistas, una marcha organizada, aprovecho la parada para meter una cámara y solucionar el problema que  tengo con la rueda delantera; todo se complica,  válvulas que no encajan , o no llegan, o se parten…. Al final gracias a un compañero de la marcha cicloturistas y a Marcos que hizo de relaciones públicas y a David que reparó la rueda con aplomo y sin mis nervios, pudimos solucionar el problema de forma que me permitiera acometer el resto de la jornada. Una rápida bajada hasta la carretera, en la zona de las siete revueltas, donde reagrupamos, y esta vez David es el “agraciado” con un pinchazo.

Salimos Pedro y yo mientras el resto se queda con David reparando el pinchazo, yo subo más despacio, conozco la ruta, y seguro nos alcanzan, quedamos en el bar de Cotos. La subida a Cotos por el Camino Viejo del Paular es tremenda, entre pinos y rodando por un pedregoso camino que compartimos en algunos tramos con el agua del arroyo. Toda una experiencia subir a Cotos, ya subimos en noviembre con nieve, pero realmente hoy se disfruta de la subida. Pedro, que me adelantó, me espera a la sombra de un pino sin saber que le queda apenas un kilómetro para coronar y darnos un merecido homenaje.

Reconfortado cuerpo y alma con unas cervecitas, y algo más, continuamos por carretera hasta Navacerrada. Pedro nos abandona pues le esperan para salir de viaje, otra vez será; el resto comenzamos la subida a La Bola del Mundo, la pista sale junto al edificio del telesilla, está asfaltada de rudo cemento y piedra. La pendiente inicial no es nada para lo que vendrá más adelante, son escasos cuatro kilómetros en los que salvamos un desnivel de algo más 400 m. Se gana altura muy rápido, al poco vemos la estación de Navacerrada a vista de pájaro y no hicimos más que empezar. La tentación de bajar de la bici es continua, solo te anima ver a los compañeros pedalear unos metros por delante. Un giro, y otro más, y la pendiente que no cede, se salva una curva con una pendiente que debe rondar el 20% y cuando ves la rampa que la sigue que no será de menos del 11% ya te parece un descanso, así ves pasar los metros, muy despacio. Cuando llegas al edificio superior del telesilla tienes una perfecta visión de las antenas, y de la recta que lleva hasta ellas, y la pendiente no te parece gran cosa después de lo ya andado. Tremendo error, en un momento levanto la cabeza y veo esperando a mis compañeros de pie junto al recinto de las antenas,  me quedan apenas 150 metros, pierdo la concentración y la fuerza, mejor me bajo y hago estos metros andando.

De regreso a Navacerrada hacemos un par de altos en el camino para admirar el paisaje, y hacer la foto de rigor. Si para subir las piernas tienen que empujar, para bajar hay que sujetarse encima de la bici, las muñecas y brazos  sufren lo suyo. Una parada a pie de pista para meditar, la ocasión lo merece, y continuamos por el Camino del Calvario. Un divertido y rápido descenso entre pinos y piedras donde algún asustadizo cervatillo ve pasar unos raros animales sin patas ni alas y que vuelan sobre las piedras. Llegamos sin contratiempo al embalse junto a Cercedilla, ya solo nos queda atravesar el pueblo para llegar a la estación y dar así por finalizada esta jornada, memorable jornada.


¿ A dónde vas corucho?

Julio 12, 2009

Cenicientos  es  un  pueblo situado  en  el  extremo suroeste de la Comunidad de Madrid. Se dice que originalmente se llamó San Esteban de la Encina. Cuenta una leyenda que el nombre de Cenicientos viene de la respuesta que el representante de la Villa dio al Rey solicitando éste cien lanzas para luchar por la Reconquista, a lo que se contestó “cien y cientos”. El gentilicio de Cenicientos es Corucho y Corucha.

Hoy nos preparó Miguel la ruta, no tenemos que pensar mucho, solo tenemos que seguirle, si podemos. Comenzamos recorriendo pedregosos caminos, entre fincas ganaderas, con el valle del Tietar como fondo y los picos de Gredos de telón.  Los Cinco en la Peña de Cenicientos, la escritora británica  Enid Blyton podría haberse inspirado en estos paisajes y titular así una de sus novelas. En este caso son cinco los bikers que forman la partida: Marcos, Miguel, Ana, David y un servidor.

La ruta está plagada de sorpresas, que obligan a detenerse y contemplar las extrañas construcciones que encontramos. Un pequeño puente romano que cruzamos, las ruinas de un acueducto que en tiempos movían las aspas del molino de trigo, el discurrir del agua sobre las lanchas graníticas con su peculiar ruido. Complementos perfectos para un veraniego día de ruta en bicicleta, el calor solo es soportable gracias a la agradable brisa que se cuela entre los pinos, aún así hoy no pude encontrar el punto de pedaleo y acabé empujando la bici en las últimas rampas de subida a la Peña de Cenicientos. Hidratarse bien en estas marchas a pleno sol es una practica elemental que yo descuidé y acabé pagando con el agotamiento físico.
Las vistas desde lo alto de la peña justifican sobradamente el esfuerzo de llegar, primero en bici y luego andando, los últimos metros son casi de escalada.

Un breve descanso junto al hito geodésico en la atalaya metálica dispuesta para la vigilancia de fuegos, y regresamos a Ceniciento. Ahora toca descender por pistas pedregosas, el cansancio acumulado hace muy peligrosa la bajada, por momento parece que voy a salir volando sobre el manillar y se hace difícil sujetarse sobre la bici. Llegamos al pueblo sin percance, nos espera una sorpresa muy agradable en casa de Miguel, muchas gracias por abrirnos las puertas de tu casa, por los refrescos, y por el rato de charla…….. así da gusto terminar las marchas.

Album de fotos